Thursday, May 06, 2010

el verdadero dios



El verdadero y único Dios de este mundo es el dinero. Todo lo demás esta superditado a él. Vivimos en una sociedad que juzga la valía individual por el dinero que las personas poseen en su cuenta bancaria. Le hemos otorgado al dinero un valor moral del cual carece y lo hemos colocado en la cima de todas nuestras pretensiones.

Pero ¿Que es lo favorable que puede decirse de una sociedad que ha llegado a este punto? El dinero no tiene ningún valor moral. No es el reflejo necesario de ninguna virtud en especial. El dinero puede conseguirse honestamente o puede conseguirse mediante el fraude, el asesinato y los más bajos medios posibles. Sin embargo, en esta sociedad, poco importan los medios por los cuales las personas accedan a la riqueza material. El solo hecho de poseerla es lo que cuenta y todo lo demás pasa a un segundo plano.

Los medios de comunicación y los publicistas nos enseñan a desear cosas superfluas que no necesitamos. Los medios de comunicación y los gobiernos nos enseñan a temerle a enemigos invisibles e inexistentes. De esta forma se mantiene a las masas sumidas en el miedo y en el eterno deseo por lo superfluo. Vivimos en suma en una sociedad que esta sostenida por pilares ideológicos falsos.

Las ideologías dominantes en todas las épocas son siempre aquellas que son esgrimidas por las clases sociales dominantes. Así ha sido siempre en todas y cada una de las distintas comunidades humanas. En el caso de la época actual no es una excepción por supuesto. La única diferencia es que por primera vez en la historia, las ideologías predominantes pueden infiltrarse de forma global en practicamente todas las comunidades humanas del planeta gracias al desarrollo de nuevas tecnologías en el ámbito de las comunicaciones.

Si bien, la idea de que la riqueza material es un sinónimo o una traducción de ciertas virtudes y valía moral no es un concepto en absoluto nuevo, no es sino hasta época, me parece, cuando la sociedad, casi en su totalidad, se ha rendido en masa ante la idea de que el fín último a perseguir para alcanzar la felicidad es la prosperidad material.

Los origenes de la perversa unión entre el dinero, la felicidad y la valía individual, pueden rastrearse hasta el siglo XVI. Uno de los principales factores que contribuyeron a la conformación de este concepto tiene sus raíces, como tantos otros vicios, en la religión. Desde la escisión de la iglesia católica con la reforma protestante, comenzó a conformarse el concepto de que una vida virtuosa, ordenada y alejada del pecado conllevaba necesariamente a la prosperidad material. De hecho, la religión protesante fue uno de los principales motores invisibles para el monstruoso crecimiento económico de los Estados Unidos de Ámerica. Ya antes Jean Cauvin, Calvino, había hablado de la predestinación, por la cual fue acusado de herejía por la Inquisición. Dicha doctrina establecía que ante Dios, desde el momento del nacimiento, ya estaba determinado quien se salvaría en el Reino de los Cielos y quien ardería en el Infierno cuando llegara el día del Juicio. Por esta razón, los seguidores de Calvino trataban por todas las formas posibles de mostrar en esta vida, que eran parte de esa élite que tendría acceso al reino de los cielos mediante la mayor acumulación de riqueza y bienes materiales, los cuales eran vistos a los ojos de los demás como el signo visible y terrenal de su predestinación al Cielo.

En 1904, Max Weber se dedicó a resumir este matrimonio entre la virtud y el dinero que emergió del protestantismo en una de las obras capitales de la economía: "La ética protestante y el espíritu del capitalismo".

Yo creo que el orden de valores y la ideología que sostiene este precepto en la actualidad es un error. Es evidente que no existe ninguna asociación entre la valía humana y la acumulación de riquezas materiales. Y si bien, no descarto el hecho de que un ser humano valioso puede hacerse de los medios y las cualidades para acumular una gran riqueza y ser valorado por la sociedad por eso, también es un hecho que los medios por los cuales alguien puede hacerse de bienes materiales son ilimitados y en muchos casos, dichos medios distan mucho de estar relacionados con la virtud, la bondad o la verdad.

El problema es que al hacer la equivalencia entre la prosperidad material y la valía moral colocamos en un pedestal cierto número limitado de cualidades que en la mayor parte de los casos son las que llevan con mas frecuencia a la adquisición de riqueza, como lo es la creatividad, la energía, la inteligencia y el ingenio, y todos los demás valores que no suelen ser necesarios, o estrictamente necesarios, para la adquisición de dinero, salen completamente de la ecuación. Simple y sencillamente dejan de existir.

Por otro lado, en esta sociedad se permite tener en una alta estima a un criminal que amasó su fortuna por medio de los más bajos medios, ya que, como dije antes, no le prestamos atención en absoluto a los medios por los cuales se consigue el dinero, sino únicamente a poseer el dinero en sí.

1 comment:

Armando J. Pérez González said...

"El problema es que al hacer la equivalencia entre la prosperidad material y la valía moral colocamos en un pedestal cierto número limitado de cualidades que en la mayor parte de los casos son las que llevan con mas frecuencia a la adquisición de riqueza, como lo es la creatividad, la energía, la inteligencia y el ingenio, y todos los demás valores que no suelen ser necesarios, o estrictamente necesarios, para la adquisición de dinero, salen completamente de la ecuación. Simple y sencillamente dejan de existir".

Voltaire decía: "quien piensa que el dinero lo hace todo, termina haciendo todo por dinero".

Lamentablemente es el espíritu de estos días.