Monday, June 28, 2010

el otro fundamentalismo


"Esta será una lucha monumental del bien contra el mal"

George W. Bush
- Declaraciones emitidas antes de la Invasión a Irak en 2003-

"Esta manifestación es contra el terrorismo. El terrorismo de Estados Unidos. Los estadounidenses arrestan y matan a mujeres y a niños. Insultan a las personas mayores y asesinan a los jovenes. El terrorismo es Estados Unidos."
Ciudadano Iraquí
- Entrevista cedida durante una manifestación posterior a la invasión de Irak por la administración de George W. Bush -

Cuando se trata de hablar de fundamentalismo religioso, inmediatamente todos dirigen su mirada hacia el oriente medio y el mundo musulmán. Y si bien es cierto que éste constituye el ejemplo más visible e indefendible del aterrador espectro del fundamentalismo, lo cierto es que existen otros ejemplos en muchas otras regiones del mundo del mismo fenómeno, que no por ser menos publicitados y mencionados, dejan de ser focos rojos para el surgimiento de movimientos peligrosos en un futuro no tan lejano.

El mundo musulmán resulta el ejemplo mas obvio de este peligroso fenómeno por más que obvias razones. Recurriendo a las raices mismas del término, el fundamentalismo religioso se refiere a la tendencia de interpretar literalmente aquello que está escrito en los supuestos "libros sagrados" como la norma que rige todos y cada uno de los aspectos de la vida de sus respectivos creyentes.

El Islam, como casi ninguna otra religión del mundo, tiene esa tendencia a interpretar de forma estrictamente literal las "enseñanzas" de ese mamotreto medieval al que llaman Corán con resultados frecuentemente horrendos. Libro atroz como pocos, el Corán es un compendio insufrible de maldad y estupidez humana que no vale la pena ni como tema de conversación. Sin embargo, tal y como frecuentemente sucede con este tipo de libros espantosos pero innegablemente peligrosos, debemos permanecer siempre alertas ante la imparable expansión del fundamentalismo islámico y hacer lo que humanamente esté a nuestro alcance por detenerlo, haciendo uso de medios pacíficos y racionales.

No resulta sorprendente que el mundo occidental se horrorice al observar las lapidaciones de mujeres adúlteras en Irán, o la amputación de manos a los ladrones en plazas públicas de Afgánistán. Resulta entre cómico, rídiculo e indignante lo que pasó hace unos años con la publicación de esas trístemente celebres historietas que retrataban a Mahoma por parte de un periódico danés, y la repercusión que ese hecho aparentemente trivial tuvo en el mundo musulmán. Como habrá de recordarse, se quemaron banderas danesas en todos los países islámicos, se incendiaron embajadas -no solo danesas sino de otros países europeos que nada tenían que ver con las historietas- y se asesinaron cristianos en nombre del honor del profeta Mahoma, ese paedófilo criminal, asaltante de caravanas, que en el siglo VII DC tuvo a bien fundar esta abominable religión. Se pidió a Dinamarca en repetidas ocasiones que se disculpara públicamente por la grave ofensa perpetrada (¿Disculparse de que? ¿En donde esta la grave ofensa? ¿Porque tendría que disculparse un país occidental con derecho a la libertad de expresión ante otro, simplemente porque éste último aún se rige bajo leyes medievales? ¿Es acaso eso culpa del país occidental en cuestión?)

En pocas palabras, la barbarie, la estupidez y la profunda ignorancia que alimenta el fundamentalismo islámico es indefendible desde cualquier punto de vista. Es éste uno de los principales focos rojos que amenazan la paz de este siglo y como dije antes, por más irrisorios y ridículos que nos parezcan sus preceptos, no podemos darnos el lujo de ignorarlos, cruzarnos de brazos y esperar que esta ideología medieval, misógina, homofóbica e intolerante continue prosperando sin freno alguno.

Dejando momentaneamente a un lado al islám -o por ser más específicos, al fundamentalismo islámico o islamismo, o teocracia islámica- me interesa referirme a otros ejemplos de fundamentalismo religioso mucho menos publicitados pero potencialmente igual de aberrantes y peligrosos que el islámico.

Resulta muy cómodo para el mundo occidental el etiquetar al islám como el máximo villano a combatir y perder de vista los ejemplos que tiene en casa.

Habremos de recordar que todas las religiones del mundo - o por lo menos la inmensa mayoría de ellas- tienen dentro de sí mismas la semilla para la aparición del fundamentalismo y la intolerancia. El islam no es un caso aislado. En las religiones, esto no es la excepción sino la norma.

Si aceptamos como cierto el hecho de que el fundamentalismo religioso más peligroso en el mundo oriental es el que se está gestando en el Islam, habremos también de aceptar que la variante occidental más peligrosa del mismo fenómeno es la que actualmente se está desarrollando en los Estados Unidos de America.

Contrario a lo que podría pensarse del páis occidental más industrializado y económicamente poderoso del mundo, los Estados Unidos están lejos de encontrarse a la vanguardia cultural o educativa del mundo. Lejos de esto, en los últimos años -en particular en esos ocho insufribles años de la era de George W. Bush- se ha observado un notorio y escandaloso retroceso en las relaciones entre la ultraderecha cristiana y la política estadounidense, así como en los programas educativos de dicho país, continuamente amenazados por la ignorancia de líderes cristianos que insisten en inmiscuirse en areas que no son de su competencia y en las que nada tendrían que intervenir.

Irán y el resto de los países musulmanes no son los únicos estados del mundo que se inclinan por la teocracia -probablemente el peor sistema político imaginable de todos cuantos se conocen- a la hora de tomar decisiones importantes y obtener el apoyo de sus pueblos para la consecución de sus metas. Los Estados Unidos de America también lo han hecho desde su fundación y hasta nuestros días. A pesar del ateísmo y la absoluta inclinación por un estado laico por parte de los padres fundadores de los Estados Unidos -Estados Unidos, no Ámerica ni Norteamérica-, en innumerables ocasiones los estadounideses han recurrido a Dios y a la religión para promover sus planes expansionistas y obtener el apoyo del pueblo para la guerra. No es ningún secreto que un sustancial porcentaje de líderes políticos estadounidenses pasados y presentes -incluyendo por supuesto a innumerables expresidentes- han llevado a su pueblo a embarcarse en guerras e invasiones ilegales a países desprotegidos, movidos por la convicción de que su país se encuentra del alguna manera predestinado por Dios para conducir el destino del mundo.

El aparentemente inocuo "In God we trust" impreso en todos los billetes de dólar es una frase que esconde en sí misma una peligrosa enseñanza acerca de la concepción que una sustancial parte de la población estadounidense tiene del nacimiento y destino de su país.

Basta recordar que George W. Bush afirmó en alguna ocasión que Jesús mismo le ordenó la invasión de Irak, y que confiaba ciegamente en que Dios le apoyaría en la justicia de su causa (Es una pena que Dios haya omitido decirle que no existían armas de destrucción masiva en ninguna parte de Irak, pero ya se sabe que Sus designios son misteriosos)

Así pues ¿Existe alguna diferencia entre las delirantes razones que esgrimió Bush para justificar la invasión de Irak con el contenido del discurso de cualquier imán musulmán alentando a su pueblo a llevar a cabo la sagrada jihad? En esencia el contenido y la ideología es la mísma, con la diferencia de que quien pronunció la primera alocución contaba para ese momento con el control del ejercito más grande y poderoso del mundo, así como con el apoyo casi incondicional de su pueblo -el país económicamente más poderoso del orbe.

El fundamentalismo religioso de la ultraderecha cristiana estadounidense es igual de peligroso que su contraparte islámico y la creciente influencia que ésta tiene en el control de los movimientos de su gobierno es una amenaza que no nos puede pasar inadvertida. Una excesiva influencia de grupos fundamentalistas religiosos -sea de la religión que sean y aqui poco importa si son musulmanes, católicos, cristianos o judíos- en el funcionamiento de un gobierno tan poderoso como el estadounidense constituye una amenaza gigantesca a la paz y estabilidad del mundo.

Aqui tenemos que agregar otro ingrediente a este caldo de cultivo para el desastre al recordar que la inmensa mayoría de la población estadounidense se encuentra actualmente sumida en el analfabetismo científico y un nivel cultural de conocimientos ínfimo. En El mundo y sus demonios, el brillante Carl Sagan divulgaba los escandolosos resultados de encuestas aplicadas a estudiantes y otros ciudadanos promedio estadounidenses en donde quedaba a la luz, entre otras cosas, que la gran mayoría de ellos eran incapaces de ubicar a Japón en un mapa o en establecer si la tierra giraba alrededor del sol o era éste el que giraba alrededor de la tierra.

A pesar de los años transcurridos trás la publicación de este libro, las cosas no han variado mucho, y en algunos sentidos incluso han empeorado aún más. Como ejemplo de esto solo nos basta con recordar el éxito que han tenido los llamados creacionistas en su intento por frenar la enseñanza de la evolución y la selección natural darwiniana en las escuelas y sustituirla por la doctrina bíblica que establece que los primeros seres humanos fueron Adán y Eva, que éstos fueron creados a imagen y semejanza de Dios, y que el universo fue creado en los siete días del cuento del Génesis, por lo que la edad de éste no son los 18 mil millones de años que establece la teoría del Big Bang, sino apenas unos seis mil años, ya que esa es la cifra resultante tras la suma de todos los patriarcas bíblicos hasta la fecha (¿Me preguntó quien fue el pobre infeliz al que le encargaron realizar esa suma?)

Así las cosas. Por más ridículos que nos resulten los preceptos que defienden los creacionistas, y por más indignantes que sean sus desesperados intentos por frenar el avance del conocimiento humano -especialmente si tenemos en cuenta que su arena de combate son las escuelas de enseñanza básica-, lo cierto es que en los últimos años han tenido un espectacular avance en su labor oscurantista, facilitada en gran parte por esos ocho recientes años de terror repúblicano.

Asi que ¿En donde se encuentra la diferencia de fondo entre el fundamentalismo islámico guiando las riendas de países musulmanes como Irán y Pakistán y el fundamentalismo cristiano inmiscuyendose en las más importantes decisiones de gobiernos occidentales tan poderosos como el estadounidense?

1 comment:

Armando J. Pérez González said...

Este tema es interesantísimo, y lo tratas de una forma amena y con un toque sarcástico bastante agradable.

Me gustaría recomendarte un documental acerca de este tópico que, si no lo has visto, estoy seguro que te va a agradar. Se llama "Jesus Camp". Con esta pieza cinematográfica, es fácil entender porque "el otro fundamentalismo" lleva estas comillas, pues en esencia, son un mismo fenómeno.

Un abrazo, Alex! Y muchas felicidades por el sitio, me encanta!